La etapa de hoy eran 10 km y he tardado 3:30 horas. Todo el tiempo de subida y con una pendiente acusada, pero al hacerlo tan temprano, estando fresca, sin calor y con unos paisajes tan espectaculares, no ha sido nada duro. He disfrutado como una cochina.
A las 5 y cuarto, tal como prometieron los hospitaleros, pusieron música: el Ave María, cascanueces, good morning de cantando bajo la lluvia,... Jajaja y un rato después se pasea por el pasillo: "buenos días, good morning, el desayuno está listo!" Aunque tenía pensado levantarme más tarde me levanto ya y desayuno. Han preparado un desayuno enorme. Son un encanto! Salgo y sólo necesito la linterna medio km. Y además me quito el jersei porque desde el principio se empieza cuesta arriba. Al principio es muy suave y se atraviesan un par de pueblos. Veo dos estrellas fugaces!! Luego empieza la cuesta fuerte hasta O Cebreiro, que tiene dos partes. La primera, hasta La Faba (otro pueblecillo) atraviesa un bosque impresionante, muy frondoso, acompañando siempre al río y el camino conserva el pavimento medieval. La segunda parte empieza atravesando una niebla y salimos sobre ella, a una zona de la montaña tan alta que ya no tiene bosque y vamos por encima de las nubes. Las vistas son increibles. Y todo esto, a las 7 u 8 de la mañana, parece más mágico aún. En dos momentos me tengo que parar y apartarme a un lado para dejar pasar a un hombre en un tractor acompañado de una jauría de perros medio salvajes que van peleándose, y luego a un hombre a caballo que lleva a un rebaño de vacas. Un peregrino jovencito italiano se pone muy nervioso con las vacas y se sube a un montículo y les grita que se vayan... Jajaja.
Cuando se llega a O Cebreiro es como una sorpresa, no te lo esperas. De repente aparece. Lo primero que hay es una casa rústica típica de aquí de origen celta que está convertida en museo. Pero como hoy es domingo y además festivo, está cerrado. Luego está la pequeña iglesia prerrománica, muy restaurada pero cuidada. En esta iglesia es costumbre encender velas rojas y está llena. Todos los peregrinos encendemos una. Nos recibe el cura que nos sella la credencial. Le compro una postal con una oración muy bonita sobre el camino que también tienen en la pared. Hay una cruz y una virgen (muy mal restaurada) románicos y las tumbas de un cura y un campesino de una leyenda y un milagro medievales. Es un sitio mágico. Cuando salgo me encuentro a las italianas y a una pareja de peregrinos con los que no coincidía desde hacía tiempo. Hay una tienda y varios sitios donde comer. Todo el pueblo es muy bonito. Entro en la tienda y me compro un requesón y un tarrito de miel artesanales de aquí y un trozo de empanada de carne. Me planteo la posibilidad de seguir andando 3 o 6 km más (es aún muy temprano) y pernoctar así en el siguiente pueblo o el otro y quitarme kilómetros de la etapa de mañana. Total, en O Cebreiro no tengo reservada cama en ningún albergue privado, voy a ir al municipal. Pero llamo a esos pueblos y están todos completos, así que me quedo aquí. Me acerco al albergue. No abre hasta la 1 y son las 10:30. Pufff... Bueno. Me siento a esperar. Soy la primera. Pero lo peor no es la espera, sino la avalancha de un grupo de peregrinos (una familia) pijo-tontos de Madrid, que llegan al rato y dieron el coñazo las dos horas siguientes. Arrepentida totalmente de no haber seguido andando hasta dos pueblos más que había otro albergue municipal. Habría sido la primera también. Me como la empanada. Por fin entro y consigo que me den una habitación en la planta baja, con gente tranquila. Me ducho, lavo la ropa y me salgo fuera que hay una terraza que asoma sobre el valle con unas vistas impresionantes. Creo que se ve toda Galicia. En un banco me como casi todo el requesón con la miel. Se escuchan gaitas porque en la iglesia hay una boda. A descansar (con pantalón largo, jersei y saco de dormir porque hace tela de frío).
A las 7 salgo y me acerco a la iglesia prerrománica. Me quedo a misa. Como es 15 de agosto hay mucha gente. El cura, que es muy jovencito me deja ojiplática, como diría mi madre. Lleva una casulla celeste de tela brillante como de purpurina. Parece de la chirigota del Sheriff de los Aleluyas!! Dios mío de mi alma. Cuando termina la misa hace la bendición del peregrinos haciendo que nos acerquemos al altar (hay un montón) y nos regala una piedrecita con la flecha amarilla porque en esta iglesia está enterrado el cura que inventó la flecha y promovió la recuperación del camino. Cuando salgo hay un grupo de chavales tocando las gaitas (ya suena Galicia!!). En el bar donde compré la empanada me ceno un caldo gallego. Cuando llego al albergue me termino el requesón. A dormir.


































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