jueves, 12 de agosto de 2021

DIA 23. DE FONCEBADON A PONFERRADA.

 Hoy la etapa eran 27 km y he tardado 6 horas porque los últimos 9 km los he hecho en taxi. Como en el albergue daban desayunos a las 6:30 me desperté a las 6:20, desayuné y salí sobre las 7. Así también haría la subida a la Cruz da Ferro con luz. La subida es muy bonita y los paisajes increibles. Los montes de León, con sus vacas pastando, el paso de la zona de la Maragatería al Bierzo. En un punto hay una casita extraña que pone museo templario o algo así. La Cruz es el punto más alto del Camino Francés. Está sobre una acumulación de piedras que la gente ha ido dejando y que la tradición marca que debe ser del lugar de origen. Yo he dejado una piedra de las playas de Cádiz. La subida es sólo de 1,5 km y se hace fácil porque además es temprano y aún hace fresco. Lo malo es luego la bajada: 15 km de bajada técnica, el camino en muy malas condiciones, bajando desde la cota 1500 m a 500, con mucha pendiente. Muy largo y duro. Y lo peor, con muchísimas moscas, abejas, mosquitas, abejorros revoloteando alrededor. Tortura china. Tan sólo se pasan dos pueblecitos en la bajada, muy bonitos, típicos del Bierzo. En el primero están todos los peregrinos en un bar reventados. Allí están las mallorquinas y con ellas hago la segunda parte de la bajada. Al final la noche anterior las habían puesto en otra habitación. 

Por fin llego a Molinaseca, el pueblo en el que tenía pensado coger un taxi. En el albergue de Foncebadon cogí tarjetas de varios. Llamo a uno y en 15 minutos me recoje de la puerta de la iglesia que está a la entrada del pueblo. Ha sido un trayecto duro y ya está haciendo mucho calor. El taxi me lleva enseguida a Ponferrada. La parte de recorrido que me libro es todo urbano e industrial. No me pierdo nada.

 El albergue es municipal y parroquial, o sea que no reserva camas, así que los peregrinos tal como llegamos nos ponemos en fila por orden de llegada. Tengo delante a 5 o 6. El albergue tiene 72 plazas. Este va por donativo y no tengo suelto, así que cuando cambie se lo doy. Me meten en una habitación con una italiana, las dos solas. Me ducho, lavo la ropa y me voy al único bar que veo, enfrente. Me muero por una ensalada y un litro de agua congelada. Es lo que me pide el cuerpo. El bar es un descubrimiento. Dentro hace fresquito y la ensalada está bestial, con tataki de atún y frutas. Qué bueno por dió. Por la tarde vendré a cenar ya contundente cuando el estómago y el cuerpo se me asienten. Abren a las 8:30 de la tarde. Es un poco tarde pero como mañana me toca bus, me puedo levantar más tarde. A descansar hasta entonces. 

He ido a cenar a las 8:30. Hamburguesa de lujo y una jarra de cerveza de medio litro. A dormir. Uppss, se me ha olvidado pagar el albergue. 














 

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