La etapa de hoy eran 23 km y he tardado 30 minutos. Hoy tocaba bus. Me desperté a las 6 al oir a otros peregrinos salir, pero me quedé en la cama hasta las 7:40. De los dos chavales extranjeros de mi habitación, uno volvió de madrugada aunque no lo oí, y el otro no ha vuelto. Bajé y desayuné en la cafetería de abajo. Esta calle principal junto a la catedral es muy señorial, bonita y hay mucha gente. Cuando estaba casi terminando, aparece el guiri de la guitarra, me reconoce... y se sienta en mi mesa. Hoy está muy tranquilito y me cuenta que él también está reservando albergues y que esta vez va a llegar a Finisterre. Al rato aparecen la ucraniana y las dos italianas y se sientan en la mesa de al lado. En cuanto abre el Carrefour exprés a las 9 entro y me compro el almuerzo y la cena. Hasta las 9:30 no abre la farmacia y como en la calle hace mucho frío para esperar, me meto en otro bar y pido té, y me lo trae... con un churro! Voy a la farmacia y me compro unas plantillas de amortiguación a ver si así no me duelen las plantas, una tobillera y un botecito de gel, que se me está acabando. Voy andando hasta la estación de autobuses y en seguida sale un bus para San Martín del Camino. Me alegro de haber cogido un bus porque esta etapa es feísima, todo el tiempo atravesando zonas industriales y polígonos paralelo a la autovía.
Cuando llego al pueblo, como aún no está abierto el albergue, decido ir a visitar la iglesia y por el camino me encuentro sentadas en un banco... a las dos mallorquinas! Están de bajón porque no consigue reservar camas en algunos pueblos. Le digo los albergues en los que conseguí cama ayer y ellas reestructuran las etapas. Al final vamos a volver a coincidir. La iglesia al final es moderna, no vale ná, y me voy al albergue que está cerrado, me siento en un banco y me pongo a llamar para reservar cama para los días que me faltaban que eran precisamente de Sarriá hasta Santiago. Este es el tramo que hace todo el mundo, los últimos 100 km. Y se nota, a todos los albergues que llamo están completos ya y eso que estoy pidiendo para dentro de una semana. Por el covid hay albergues que no han abierto, y a los que han abierto les obligan a ocupar solo el 50 o 75% del aforo, con lo cual se llenan enseguida aunque no haya ni de lejos la cantidad de peregrinos de antes de la pandemia. Después de llevarme casi dos horas al teléfono, consigo reserva de cama para todos los días menos para uno, que la única opción es el albergue municipal y ese no admite reservas, sino que se dan por orden de llegada (mariquita el último). Como yo suelo ser de las primeras en llegar, no creo que tenga problemas. El albergue abre y entro ya. Es pequeñito, muy rural, tiene un perro que me trae la pelota y se va. Me ducho y en el jardín de atrás lavo ropa (hoy poca) y me siento en una mesita a comer pan, queso y yogurt mientras el perro me mira. Llegan dos peregrinos de Sevilla. En este albergue tengo un cuarto para mí sola y hay poquísima gente. Que bien voy a dormir hoy. Descanso toda la tarde. A las 7:30 ceno ensalada, jamon serrano y yogurt. A dormir.










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