Hoy la etapa tenía 22 km y he tardado 5:40 horas. Anoche he dormido regular porque el albergue tenía enfrente una placita con una terraza de un bar y hubo muchísimo ruido hasta la madrugada. Me levanté y a las 6 ya estaba fuera. Esta etapa ha tenido dos partes. La primera preciosa atravesando trigales y plantaciones de girasoles. Hacía frío, tanto como para ponerme el polar durante la primera hora. A las 7 pasé por un pueblo en el que una furgoneta había montado un servicio de desayunos para peregrinos a buen precio. El desayuno, muy bien, el sitio muy chulo con mesitas sobre el cesped y música puesta.
Al salir de este pueblo me adelanta un peregrino que va a caballo, con un poncho puesto como Curro Jiménez y fumando un puro. España profunda. Lleva otro caballo con el equipaje, porque a éste no lo dejan pernoctar en los albergues, y también un perro que va detrás. Al subir una loma, entramos en Castilla y León.
Sigo andando y llega un momento en el que el camino empieza a ir paralelo a una carretera nacional que tiene mucho tráfico, y de camiones, y además está en obras al pasar por un pueblo y es un lio tremendo. Qué gran diferencia cuando el Camino va atravesando campos (silencio, paz), que cuando va paralelo a alguna carretera (ruido, estrés). Además hoy no está nublado y empieza a hacer calor. Me paro a ponerme la crema solar y el gorro que llevaba dos días sin ponérmelos. La solanera es muy grande y la última hora se hace muy difícil, porque además son carriles rectos interminables. Me pongo a cantar carnavales para hacerlo más ameno, y a beber agua y a echármela por la cabeza hasta que llego al único árbol que da sombra en el camino desde hace muchos kilómetros. Bajo él están sentados dos americanos con los que he ido coincidiendo desde Roncesvalles. Uno de ellos me llama la atención porque es bastante obeso, y al principio iba con bastante energía y habla mucho con sus amigos. Hoy lo he visto ya más tocado. Se ha quitado las botas y tiene los pies hechos polvo. Continúo, ya debe quedar un kilómetro para el pueblo tras la siguiente loma, el calor aprieta. Y en eso me veo venir por el camino un coche que cuando se acerca a mí saca la mano por la ventanilla y me da... una botellita de agua fría!!! Como a los corredores del Tour. Increible, llovido del cielo! Me dice: "de regalo, estamos celebrando el cuarto aniversario del albergue Cuatro Cantones" Y yo: gracias!!! Felicidades!!!
En nada entro ya al pueblo y ahí está mi albergue, que es de los chiquititos en una casa del pueblo rehabilitada, muy cuqui. Me he cogido una habitación sola para mí porque en este albergue son muy baratas. Esta noche voy a dormir bien. Me ducho, lavo la ropa. En un rato ya se me ha ido el calor y en el comedor hay un microondas, así que caliento mi taza con agua, me hago un Sopistant y me la como con anacardos y dátiles. Por cierto, tengo que decir (que si no, se enfada...jajaja) que mi magnífica cucharita es de Juanjo, del Ejército, que me la ha grabado con mis iniciales y una concha de peregrino. Me sienta muy bien. Me voy a mi cuarto a descansar, hacer estiramientos, ponerme la crema, ver el telediario y el tiempo y hablar con todo el mundo. A las 6:30 tengo una tutoría con una alumna de TFG por videollamada, pero me escribe que no puede y la dejamos para mañana. Me voy a la plaza del pueblo a cenar a un bar, pero no abre hasta las 7:30, así que me siento un rato en la plaza. Hace mucho calor, pero allí se está bien porque los árboles están tan pegados y frondosos que crean un auténtico techo de hojas. En medio hay un templete de música, los niños juegan con globos y a la pelota y llegan peregrinos en bici. Ceno costillas asadas y cuajada, muy bueno. Vuelvo al albergue, preparo las cosas para mañana y a dormir.
























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